XXVIII. UNA GUERRA DE LAS DE VERDAD 

David Tinker

A H. y E. (sus padres). Fragata HMS Glamorgan, 2 de abril de 1982

Gracias por vuestra larga carta. Sólo unas líneas para deciros que hoy hemos recibido la noticia de que salimos rumbo a las islas Falkland para machacar a los argentinos. Resulta divertido y parece que la Thatcher quiere mantener las pocas colonias que nos quedan con una demostración de fuerza. Se está pre-parando una gran flota: en la zona se concentrarán dieciséis buques.

Por el momento acabamos de cancelar las maniobras. Estamos almace-nando provisiones y nos encontramos a punto de poner rumbo al sur desde la zona de maniobras de Gibraltar. Tenemos previsto hacer escala en la isla de Ascensión y pasar junto a Santa Elena: muy parecido a lo que pasó en 1914, con la Royal Navy desplegándose para defender las colonias (¿o tendría que hablar de Suez?). Esta vez los estadounidenses parecen estar de nuestro lado, pero sólo hemos oído rumores, porque llevamos un tiempo sin recibir perió-dicos. De todas formas, todo es muy emocionante.

Por desgracia, esto significa que no voy a poder mudarme a nuestro có-modo piso de casados hasta dentro de un par de meses más y que las vacacio-nes de Semana Santa se van al traste. Pero esto es mucho más divertido. Sorprendentemente, los argentinos poseen una armada bastante buena: un portaaviones con cazas de combate (como el viejo Ark Royal) y tres destruc-tores Tipo 42. Si el Superb hunde el portaaviones, nosotros nos encargaremos del resto.

Por supuesto, todo puede terminar en una semana, pero la emoción de algún enfrentamiento real distinto de las bombas nucleares del mundo del norte en una «guerra colonial» es bastante fascinante en comparación con la rutina conocida de las maniobras y el papeleo (aunque seguiremos realizándo-los: posiblemente continuemos «preparándonos» mientras nos dirigimos al sur).

Por supuesto, el capitán está encantado: ahora tiene la oportunidad de terminar su carrera cubierto de gloria (...) Eso es todo por el momento, por-que tengo que enviar la carta antes de que levemos anclas y pongamos rumbo al sur para ver a los pingüinos.

A Christine (su esposa). Fragata HMS Glamorgan, 2 de abril de 1982

Aunque la última carta que te envié debería haber sido la última, ésta (y posi-blemente una o dos más) puede que sean las únicas noticias mías que recibas durante un tiempo. Como ya habrás oído en las noticias, nos dirigimos a las Islas Falkland para darle una paliza a esos «sudacas». Se está preparando una imponente flota: dieciséis barcos de guerra británicos cruzando el Atlántico hacia el sur a muchos nudos de velocidad... ¡Fascinante!

Me recuerda la Gran Guerra, cuando los alemanes (que tenían un núme-ro de efectivos parecido pero mejor armados) derrotaron al Comodoro Craddock y su escuadra de tres buques en las Islas Coronel, el Reino Unido envió absolutamente todo a las Falkland y les dio a los alemanes una buena paliza. Creo que el Almirantazgo ha aprendido la lección (...) Durante la tra-vesía hacia las Falkland, nos detendremos en la Isla de Ascensión, otra colonia británica, y pasaremos junto a Santa Elena (otra colonia más). Verdadera-mente, esto es como los días de 1914 y lo estamos pasando muy bien.

Por desgracia, obviamente esto significa que las vacaciones de Semana Santa y todo lo demás se va al traste... Es muy probable que no vuelva hasta julio.

A Christine. Fragata HMS Glamorgan, 7 de abril de 1982

Estate tranquila porque, incluso aunque pasara lo peor, estoy en uno de los mejores lugares del buque. Mi posición está en el hangar o en la cubierta de despegue durante todo el tiempo. El hangar es el lugar mejor protegido, tiene unas gruesas puertas dobles y las balsas salvavidas están justo a nuestro lado... Las balsas salvavidas son también muy buenas y tienen provisiones de agua, radios, etc. Sólo te cuento esto para que sepas que estoy en la mejor posición posible para sobrevivir: en la cubierta de despegue. De todas for-mas, estoy seguro de que la cosa no llegará a tanto. Los argentinos tienen que estar muy asustados al ver