XIV. LA POLÍTICA MUNDIAL DE PRINCIPIOS DEL NUEVO SIGLO

Mijaíl Gorbachov

En opinión de muchos el día 11 de septiembre de 2001 fue una trágica señal, símbolo de la urgente necesidad de aplicar una política diferente en el nuevo siglo. La conmoción provocada por este acontecimiento concentró nuestras emociones y nuestra atención sobre un desafío relativamente contemporá-neo: el terrorismo internacional.

La respuesta del mundo civilizado fue inmediata y decisiva. Estados Uni-dos asumió el mayor peso a la hora de liquidar el foco terrorista de mayor peligro; lógico y correcto. Lógico porque el 11 de septiembre EE UU fue la víctima, y además sólo este país disponía de los recursos necesarios para ases-tar un golpe contundente y en el más breve plazo. Correcto porque EE UU pidió apoyo y solidaridad a quienes aprecian la seguridad y los valores huma-nos. Y lo obtuvieron. Es más: se formó una coalición antiterrorista interna-cional, fenómeno muy prometedor para las exigencias de la política mundial del siglo XXI.

Sin embargo, tras el éxito de las operaciones extraordinarias en Afganistán, la lógica inicial de unificar los esfuerzos comenzó a resquebrajarse. Así, la línea política, en principio legitima y orientada a velar por la seguridad indi-vidual, nacional e internacional, se utiliza ahora para ampliar la influencia en el mundo. Se hace hincapié en la fuerza y en las armas y surgen declaraciones de que los EE UU decidirán individualmente cuáles, cómo y dónde utilizarlas. Se planifican nuevas operaciones contra países no gratos para los EE UU.

Da la impresión de que EE UU no necesitase de la coalición, del Consejo de Seguridad de la ONU ni del Derecho Internacional. Su comportamiento preocupa sobre todo a los aliados de Estados Unidos y constituye una con-ducta peligrosa y contraproducente, tanto desde el punto de vista de la lucha contra el terrorismo internacional, como de la opción histórica por una polí-tica mundial adecuada a las nuevas circunstancias. Existe el riesgo de volver a incurrir en el trágico error cometido tras la Segunda Guerra Mundial y al término de la Guerra Fría, pero, esta vez el error puede ser desastroso para la humanidad.

Tras las excesivas acciones militares, los demás problemas y amenazas para la paz han quedado relegados a un segundo plano. Está comprobado y admi-tido que si no se solucionan los problemas globales es imposible garantizar ningún tipo de seguridad, ni para los estados, ni para los ciudadanos. Entre los principales está la pobreza, con sus impredecibles consecuencias políticas y sociales, la situación, cada vez más amenazante, de la ecología del planeta.

¿Acaso se pueden esperar resultados positivos de la lucha contra el terro-rismo sin solucionar los problemas mencionados? Quien así piense comete un error irreparable. Si tenemos en cuenta que, de los seis mil millones de habitantes del planeta, por lo menos, tres mil millones viven en condiciones infrahumanas, fingir que estos problemas son eternos e imposible de solucio-nar y que se puede limitar a acciones de beneficencia, significa engañarse y engañar a millones de personas.

Los especialistas han demostrado que bastaría solamente el 1% del pro-ducto interior bruto de los países desarrollados para mejorar la vida de millo-nes y millones de hombres, mujeres y niños. En este caso la amortización de la deuda de los países más pobres, a la que los países acreedores recurren ocasionalmente, podría desempeñar un papel muy significativo. La llamada «tasa Tobin», que propone gravar las operaciones financieras relacionadas con la fuga de capitales es una idea sensata. Su aplicación aumentaría considera-blemente los recursos necesarios para afrontar los desafíos del mundo con-temporáneo. Existen varias iniciativas relacionadas con los micro créditos, destinadas a fomentar la agricultura y el desarrollo de pequeñas y medianas empresas en las regiones más atrasadas. Posiblemente, el Banco Mundial po-dría dar garantías en cooperación con los consorcios bancarios los cuales, des-graciadamente, eluden toda responsabilidad ante los acontecimientos en con-diciones de la creciente interdependencia mundial.