XXIII. LA PAZ NO CONSISTE EN QUE CALLEN LAS ARMAS, SINO EN QUE NUNCA LLEGUEN A HABLAR

Anaisabel Prera Mientras consume su cuota de vida ¿cuantas verdades elude el ser humano?

Augusto Monterroso

Los actores y las causas del conflicto

Guatemala es un país lleno de contrastes situado en el centro del continente americano, bañado por las olas del mar Caribe y del Pacifico. Cuenta con una extensión de 108.000 kilómetros cuadrados y una población que no llega a los 12 millones de habitantes, con un crecimiento anual medio del 2,9 por ciento. El 70 por ciento de los guatemaltecos pertenece a la cultura Maya-Quiché. Los guatemaltecos conviven en una nación con un marcado carácter multiétnico, pluricultural y multilingüe, dentro de un Estado nacido del triunfo de las fuerzas liberales de Centroamérica. Guatemala ha tenido épocas de esplendor que datan de los orígenes de la cultura maya milenaria y llegan hasta nuestros tiempos, su nombre ha sido glorificado por su ciencia, sus ex-presiones y obras de arte, su cultura, por hombres y mujeres ilustres y humil-des, por el Premio Nobel de Literatura concedido a Miguel Ángel Asturias y por el Premio Nobel de la Paz que ostenta Rigoberta Menchú.

La guerra de guerrillas estalló en Guatemala el 13 de noviembre de 1960 y desde esa fecha, hasta la firma de la paz el 29 de diciembre de 1996, el enfrentamiento armado entre la guerrilla y el ejército de Guatemala dejó un doloroso saldo de más de 150.000 muertos, 50.000 desaparecidos, un millón de desplazados que han buscado protección en distintos países del mundo que, internamente, abandonaron sus lugares de residencia. Cincuenta mil re-fugiados recibieron el generoso cobijo del gobierno mexicano, generando un movimiento migratorio que quebrantó la economía rural e hizo aumentar rápidamente la densidad de población urbana. Todo esto dejó, además, un saldo de 300.000 huérfanos, 100.000 viudas y millonarios daños a la infraes-tructura del país. De las víctimas plenamente identificadas hasta el momento, el 83 por ciento eran mayas y el 17 por ciento eran ladinos o no indios. Ante estas cifras está claro que la reconciliación entre los supervivientes no puede ser posible si no se establecen unas bases sólidas asentadas sobre la justicia. Miguel Ángel Asturias, nuestro Premio Nobel, lo dijo: «Los ojos de los ente-rrados se cerrarán juntos el día de la justicia, o no los cerrarán.»

Los actores principales de la guerra fueron la Unión Revolucionaria Na­cional Guatemalteca (URNG) y el ejército de Guatemala, que representaba al gobierno, pues durante las tres décadas de guerra el país estuvo gobernado por militares. En el escenario internacional, también los actores de la Guerra Fría —Estados Unidos, el bloque socialista y Cuba— se implicaron en el conflicto. Con la caída del Muro de Berlín en 1989 Estados Unidos dejó de enviar armas al ejército de Guatemala y empezó a contribuir al proceso de paz. Todas las partes implicadas fueron responsables o participaron activa­mente en acciones violentas, si bien unos lo hicieron más a menudo que otros. El informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico Guate­mala la Memoria del Silencio, atribuye al ejército el 90 por ciento de las masacres inflingidas a poblaciones civiles-indígenas y el 10 por ciento res-tante a la guerrilla.

La causa primera del conflicto fue la situación de injusticia y de desigual­dad social y económica, en que vivía la mayoría de la población guatemalteca, frente a la rígida estructura heredera de la época colonial, que aún hoy persis-te. La violación sistemática de los derechos humanos por parte de las estruc­turas oficiales del gobierno, apoyadas y financiadas por Estados Unidos, posi­bilitaron una forma de represión que se puede calificar de terrorismo de estado. La Guerra Fría y el enfrentamiento entre bloques ocultaron las verdaderas raíces del conflicto. A partir de los años ochenta, con la reunificación de los diversos grupos guerrilleros y la conformación de la URNG, el conflicto pasó a estar más identificado con la discriminación y condiciones infrahumanas en las que vivía la población indígena maya. Se pasó de un conflicto motivado por la lucha de clases a un conflicto de carácter étnico y cultural. Por eso resultó paradójico que, cuando por fin se fue a la mesa de negociación sobre los derechos del pueblo maya, éstos no estuvieran representados a nivel de la toma de