XXIV. EL SALVADOR: LA PACIENCIA, CIENCIA DE LA PAZ

Augusto Ramírez Ocampo

Tengo la satisfacción de poder compartir con ustedes la experiencia que he tenido la oportunidad de vivir en el proceso de paz en Centroamérica y más específicamente en la República de El Salvador, donde la paz fue una tarea de construcción colectiva. Y he querido presentar esta experiencia, para llamar la atención de cómo todos, desde cualesquiera sea nuestra posición podemos participar en la construcción de la paz.

El conflicto

El Salvador, el país más pequeño y densamente poblado de América Central, con seis millones de habitantes. En los años ochenta tenía una economía, que le llevó a ser uno de los más pobres del hemisferio occidental. El país sufrió una tremenda guerra civil, entre los años 1980-1991, con un costo en vidas humanas que superó las 75.000 víctimas y fue causa del desplazamiento de cerca de un millón de personas entre refugiados y desplazados internos, amén de los innumerables daños en la infraestructura económica y tejido social, que aún todavía se encuentran en proceso de reconstrucción.

Los coautores de este desastre fueron, de un lado, el FMLN —organización guerrillera, compuesta por varias facciones y, hacia el final del conflicto, por un solo ejército denominado Frente Farabundo Martí para la Liberación Na-cional— y, del otro lado, el gobierno de El Salvador,  que en las fechas del conflicto era mayoritariamente militar. Además de éstos, otros actores des-empeñaron un importante papel —dentro del contexto de la Guerra Fría— promoviendo guerras locales en busca del predominio de sus ideologías res-pectivas: Estados Unidos, la desaparecida Unión Soviética y Cuba.

La causa detonante de la guerra civil salvadoreña fue ante todo la des-igualdad económica y social, fruto de la ceguera de la clase dirigente y del fracaso de la apuesta por la agricultura como base de la economía. A ello debemos sumar el dominio ejercido por las fuerzas armadas y los grupos de seguridad, que de manera sistemática instauraron la violencia como mecanis-mo de acción del estado, llevando al cierre de los espacios democráticos. Por último, otra causa no menos importante fue la existencia de otros conflictos locales dentro de la región centroamericana.


 

El camino hacia la paz

Quienes tuvimos la oportunidad de participar en la búsqueda de la paz para Centroamérica, siempre propugnamos una solución política negociada. Desde 1983, con el surgimiento del «Grupo de Contadora», formado por los presiden­tes y ministros de Relaciones Exteriores de Colombia, México, Panamá y Vene­zuela, realizamos contactos diplomáticos con nuestros homólogos centroameri­canos en lo que supuso el primer esfuerzo serio y continuado para dar una solución latinoamericana a conflictos latinoamericanos. Uno de nuestros principales pos­tulados era que la paz no podía obtenerse por la fuerza y por consiguiente era de imperiosa necesidad desvincular la guerra de Centroamérica de la confrontación Este-Oeste. Como consecuencia de este esfuerzo surgió primero el Grupo de Apoyo y luego el Grupo de Rio. Este último sirvió para afianzar la práctica de los principios democráticos en la región, bajo la supervisión de la Organización de Estados Americanos (OEA). Pero hubo que esperar a 1987 para que los presiden­tes de Centroamérica manifestaran su total compromiso con la democracia y la paz en la región, mediante la firma del acuerdo conocido como «Esquipulas II».