XVI. BUSCANDO UN PUNTO DE PARTIDA COMÚN 

Fredrik S. Heffermehl

La formación sobre mediación en conflictos ha ayudado a muchos niños que necesitaban ayuda para resolver el problema de sus propias agresiones. Esto no sólo los ha ayudado a resolver disputas entre otras personas, sino que les ha proporcionado herramientas para controlar su propio comportamiento. La introducción de la mediación entre iguales ha llevado a un descenso del 50 por ciento en la violencia escolar. Éste es «el mayor efecto que he visto en los 20 años que llevo haciendo este tipo de trabajo», afirmaba el profesor cana-diense Chuck Cunningham en un estudio publicado en 1995 sobre los resul-tados obtenidos de la «mediación entre iguales» en tres centros educativos de Canadá.

En los tiempos que corren, una buena formación en técnicas de resolu-ción de conflictos ayuda a mejorar el ambiente en los centros educativos de muchos lugares del mundo. En algunos de los distritos más peligrosos de Los Ángeles (EE UU), niños voluntarios —algunos de tan sólo seis años— se están convirtiendo en «mediadores de conflictos» y, en un entorno en el que los chicos se matan entre sí con pistolas, éstos recorren por parejas los patios escolares e intervienen en los primeros momentos de las peleas, armados ex-clusivamente de sus cuatro reglas básicas: no interrumpir; no insultar ni hacer desprecios; ser tan honrados como sea posible y resolver los problemas me-diante acuerdos. El programa refuerza la autoestima de los alumnos, les ense-ña a hacerse responsables de sus comportamientos y les facilita técnicas para resolver conflictos sin recurrir a la violencia.

Pero los centros escolares son sólo uno de los ámbitos en los que está prosperando la resolución pacífica y no violenta de los conflictos, que se ha extendido rápidamente por todo el mundo durante las últimas cuatro déca-das, como resultado de un fructífero enriquecimiento mutuo entre la univer-sidad y la vida cotidiana. De este modo, una disciplina académica rica y heterogénea ha podido tener aplicación práctica en muchos ámbitos de la sociedad, como las relaciones familiares, laborales, en la administración y en la aplicación de las leyes. A los abogados se les enseñan métodos para obtener mejores resultados para sus clientes y a las empresas se les muestra cómo adoptar soluciones más suaves pues, aunque se tenga la fuerza y la posibilidad de obte-ner una victoria total, siempre se obtendrá un mayor beneficio si se mantie-nen buenas relaciones o contactos empresariales. La formación en métodos y aptitudes para la resolución de conflictos ha significado una clara mejora en las vidas de las personas, conforme van aprendiendo a respetarse a sí mismos y a aceptar las diferencias con los demás. Los valores predominantes en una sociedad organizada en torno a la resolución de conflictos son la libertad de elección, la autoestima, la responsabilidad de los propios actos y la promo-ción de unas relaciones más justas y equitativas.

La distancia entre los poderosos y los que carecen de poder se reduce a medida que la aptitud para la resolución de conflictos dota de poder a quie-nes previamente no creían ser capaces de hacer valer su opinión o a quienes no se les permitía participar. Ésta es una de las experiencias cosechadas por la organización australiana Conflict Resolution Network —Red de resolución de conflictos— (CRN). Desde sus modestos comienzos en 1973, como Pro-grama para la Paz y la Resolución de Conflictos de la Asociación Australiana para las Naciones Unidas, la paz ha sido la principal razón de ser de esta red. Su gran expansión comenzó en 1986, Año Internacional de la Paz, con el establecimiento de 12 principios para la resolución de conflictos (véase el artículo aparte) como importante motor de enseñanza.

Basándose en una compilación mundial de estudios académicos, sabiduría popular y cultura, la CRN desarrolló 12 principios básicos que cualquiera po-dría comprender y que podrían aplicarse en las situaciones más dispares. A lo largo de 1988, la CRN constituyó un grupo de treinta y siete formadores y necesitó una plantilla de doce personas para llevar a cabo su programa educa-tivo. En 1993 la resolución de conflictos estaba ya firmemente asimilada por toda la sociedad australiana y no se podía abrir un periódico sin encontrar varias referencias a la resolución de conflictos. La labor de la CRN había alcan-zado tales dimensiones que tuvo que dividirse en consultorías independientes.